Madrid
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El
trayecto desde la calle
Goya hasta esa frontera difusa de este universo urbano donde
está ubicada IFEMA transcurre en un taxi que atraviesa calles, autovías y
autopistas sin dejar de estar en Madrid. El recinto es amplio y está lleno a
rebosar. El sector ha respondido a la convocatoria de INFARMA 2012, se nota su
avidez por encontrar respuestas, lo que es un primer paso para lograrlo. He
tenido suerte y he conseguido un asiento en la quinta fila de la sala 4. Aunque
la oferta es amplia, me he decantado por una ponencia que habla de nuestro
futuro. Mi querencia por esos temas se parece a la del toro por las tablas.
«No
tengo ninguna duda, que el sector continúa aportando valor por su extrema
capilaridad y accesibilidad, y también lo es que los profesionales
farmacéuticos mantienen una posición de confianza y credibilidad profesional
con los usuarios del servicio, sus verdaderos clientes, pero sólo con eso
no va a ser suficiente para afrontar con éxito el reto que significa
la exigencia de incrementar la eficiencia, para abordar la imperiosa necesidad
de disminuir el déficit público y para convivir con suficientes garantías en un
marco en el que las recetas liberales parece que van imponiéndose en las
economías de nuestro entorno. El sector deberá poner encima de la mesa de
negociación algo más de lo que siempre ha puesto porque, aún siendo mucho, no
va a ser suficiente….»
El
ponente viste un traje de Gales bastante claro, una camisa gris y una corbata
de tonos rosados. El conjunto hace que aumenten las dimensiones de su figura.
Es corpulento y habla con un ritmo lento y con voz poderosa. Ha empezado su
intervención asegurando que no sabe cual será nuestro futuro, pero parece que algo
se va a atrever a decir.
«Lo
primero que debemos hacer es determinar lo esencial, lo que nos diferencia de
los otros, lo que aporta más valor.
Nuestro
core business. Nos dirían los expertos en marketing que
tantas recetas nos ofrecen para intentar ayudar a la gestión de nuestras
farmacias. Nuestro modelo de farmacia actual se basa – del mismo modo que los
modelos de nuestro entorno, aunque a veces no nos queramos dar cuenta– en el
conocimiento y las habilidades del profesional farmacéutico. Esa debe ser una
línea roja que nunca deberíamos traspasar. No debemos olvidarlo».
El
conferenciante va trufando su discurso de frases y afirmaciones que, reforzadas
por ese tono grave, parecen sentencias.
«Es
cierto que tradicionalmente el modelo compagina en un mismo establecimiento los
servicios basados en el conocimiento de un profesional sanitario con la oferta
comercial de productos ligados de alguna forma con la salud y el bienestar de
los clientes. Pienso que debe continuar así. Porque está socialmente aceptado,
porque nos ofrece diversidad de posibilidades de crecimiento, porque nos aporta
recursos independientes de los presupuestos públicos y porque la farmacia es un espacio
adecuado para que el autocuidado de la salud pueda ser asesorado adecuadamente.
De todas formas, no creo que ahí, en el relativo potencial comercial de
nuestros establecimientos deba pivotar nuestro futuro porque corremos el riesgo
de diluirnos en un mercado global en el que la oferta va a llegar al consumidor
de maneras que aún ni imaginamos.
Aunque
los precios en España sean de derribo, aunque no se alejen de nosotros los
fantasmas de más recortes, nuestro futuro está alrededor del paciente que toma
medicamento. Digo alrededor y no en el medicamento, porque el reto está en
buscar un modelo basado en la aportación de valor en la interrelación que
existe entre el paciente y su tratamiento, y también aportándolo con nuestra
participación como sanitarios en el proceso asistencial continuo buscando
interrelaciones con los otros profesionales sanitarios. Cuando hablamos de
cartera de servicios, es de eso de lo que hablamos. No hablamos de un
complemento más de nuestro negocio, hablamos de un cambio de paradigma, que no
debe significar el derribo de nada, pero que debe posicionarnos con claridad y
con todas sus consecuencias en ese papel.
…me
molesta que seamos noticia cuando alguna farmacia entra en concurso de
acreedores o portada de periódico si alguna cierra. Nuestra preocupación debe
ir más allá de la de la viabilidad de las farmacias, deberíamos ocuparnos de la
capacidad de las farmacia para lograr objetivos ambiciosos. Y eso no sólo
debería preocuparnos a nosotros, que somos los máximos responsables de nuestras
farmacias y de hacerlas competitivas, la Administración sanitaria debería entender
y asumir que es un desperdicio, en estos tiempos incluso una irresponsabilidad,
desaprovechar el potencial sanitario de una red como la nuestra, y que debe
proporcionar recursos suficientes para poder exigirle resultados.
Ha
llegado el momento de asumir con naturalidad y normalidad que no todos somos
iguales del mismo modo que los médicos tampoco lo son. Pretender uniformizar un
sector tan diverso nos aboca al fracaso, y el pragmatismo, ese que os he dicho
que me mueve, huye del fracaso. Todos o nadie siempre acaba siendo nadie.
Debemos construir un escenario de farmacias capaces y diversas».
Otra
sentencia más.
«Un
cambio como el que estoy describiendo no es de hoy para mañana. Sin esa dosis
de generosidad que nos aboca a pensar en lo que dejaremos a los que nos
seguirán en nuestra profesión, nos aboca a ser barreras de ese cambio. En
resumen, ¿cómo creo que nos conviene afrontar el trance que representa siempre
escoger el camino a seguir?:
Continúo
confiando en que es posible un modelo en el que el éxito del profesional
farmacéutico se base más en él que en su establecimiento.
Apuesto
decididamente por la contratación de servicios con el Sistema Nacional de Salud
remunerados no exclusivamente por un margen del medicamento.
Creo
que es necesario que los colegios promuevan estructuras corporativas capaces de
aportar competitividad a las farmacias y que les permitan acceder a negocios
que individualmente no pueden ni podrán lograr.
Acepto
el reto de la exigencia porque creo que mi profesión me lo exige y que mi
responsabilidad con los que van a continuar después de mí, va más allá de mis
legítimos intereses.
Así lo
veo. Gracias.»
Hace frío en el páramo. La primavera ha
llegado con nieve, pero la sala de conferencias está llena, un síntoma más de
que la profesión está muy viva. Salgo de la sala soportando apretujones
mientras pienso que las políticas cortoplacistas pueden degradar nuestra
economía, pero nunca podrán degradar una profesión tan apasionante como la nuestra. Vuelvo
optimista a mi Barcelona. Necesito estar en mi geografía concreta después de
unos días en esa geografía sin límites en la que corro el riesgo de perderme.